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Relic: La maldición de convertirnos en extrañas

Escrito por: Tomado de Internet

La cineasta Natalie Erika James nos platica cómo fue que su ópera prima se convirtió en una película de terror conmovedora, sobre el envejecimiento.

Los elementos los conocemos bien: una casa de rincones desconocidos, una presencia poderosa y ajena, la sensación de que no estamos a salvo. Algo nos acecha. Ruidos en el corredor, apariciones y desapariciones, gritos de terror ahogados. La casa embrujada es uno de los arquetipos más conocidos del género de terror y mucha de la pesadilla que evoca consiste en borrar la sensación de seguridad que deberíamos experimentar dentro de un hogar. El espacio íntimo que nos es familiar, nuestro refugio. Lo mismo sucede con el propio cuerpo que, como lo muestra el horror de posesiones malignas, también es una casa. Puede convertirse en un extraño. 

En la película Relic: Herencia maldita, su ópera prima, la directora Natalie Erika James utiliza estas convenciones del terror para hablarnos de una maldición que cae sobre todas las personas y que conmueve por su fatalidad. El deterioro del cuerpo, el envejecimiento, es real y nadie puede vencerlo, no importa si los personajes salen (o no) avantes de la anécdota de la película. A través de la historia de una familia de tres mujeres, que pertenecen a distintas generaciones, la cineasta nos presenta una tragedia sobrenatural que nos recuerda que todos nos transformaremos eventualmente en alguien más, en un ente descompuesto por el tiempo del que se van apoderando fuerzas que no saben negociar. Y no solo eso: antes de que suceda, nos tocará ver a nuestros seres queridos sufrirlo en carne propia. 

Inspirada en las propias experiencias personales de Natalie, Relic comienza con una desaparición misteriosa. El evento une a las tres mujeres bajo un mismo techo y los días siniestros desembocan en una transformación monstruosa, que también se las arregla para incluir momentos poderosos de ternura. Platicamos con la cineasta sobre el proceso de escritura detrás de la película, el suceso doloroso que la inspiró y sus influencias de horror gótico.

La película hace énfasis en el cuerpo de sus personajes: las manchas negras, los moretones, la piel que se pela, ¿era importante para ti hacer ese énfasis?

Sí, definitivamente, la película es mucho sobre la descomposición y el deterioro, y eso hace que el body horror [horror corporal] sea la avenida perfecta para expresar los dolores y las terroríficas realidades que experimentan las personas cuando envejecen. Y creo que estuve bebiendo mucho de lo que realmente sucede en la vida: la piel se adelgaza, hay ruptura y moretones. Era importante incluir eso en el body horror de la película

En términos de la transformación final de Edna [interpretada por Robyn Nevin], quería mostrar qué tan vulnerable se vuelve el cuerpo. Aunque nosotros lo empujamos hacia el extremo sobrenatural, presentando a este ser cubierto de moho, por decirlo de una forma, queríamos que su diseño hablara de la realidad de la forma humana al final de la vida. Cómo es que las personas aún pueden caminar de forma muy humana, pero también con una dimensión un poco alienígena.

¿Cuándo fue que decidiste que el camino del horror sería la metáfora perfecta para expresar estas reflexiones y qué oportunidades le viste al género?

Vinieron juntas. Basé la historia en experiencias personales. Mi abuela tuvo alzhéimer y siempre crecí con un gusto por el terror y por el horror asiático en mi adolescencia. Luego, en la escuela de cine creo que empecé con dramas psicológicos que derivaron finalmente en terror. Creo que esa sensibilidad siempre ha estado en mi trabajo. Cuando estuve experimentando el deterioro de mi abuela, esas dos cosas se unieron muy naturalmente. No podría separarlas. 

La película presenta una historia de espantos que «se cuece a fuego lento». Cuéntanos un poco sobre cómo fue el proceso de escritura, ¿esa cualidad se trasladó de alguna forma al proceso creativo?

Creo que esa cualidad de slow burn es muy de la tradición del horror gótico, de las historias y la literatura que siempre disfruté desde chica. Con el horror gótico siempre hay esta sensación de duda de qué es lo real, qué sucede en la cabeza de un personaje. Hay ese misterio que como narrador tienes que sostener durante un rato.

Al mismo tiempo, queríamos que la estructura de la película reflejara la experiencia  de ver a alguien deteriorarse.

Queríamos reflejar cómo se vive eso. Para mí fue algo que sucedió en 8 años, más o menos. Para cuando lo notas, de pronto las cosas han empeorado muy rápido, especialmente hacia el final. Queríamos trasladar eso a la estructura de la película. Primero hay tensión de no saber qué está pasando, es sobrenatural. Y una vez que llegas al tercer acto, todo decae muy rápido. 

¿Por qué decidiste presentar a tres mujeres de distintas generaciones?

Una de las razones fue porque fue la mamá de mi mamá la que tuvo alzhéimer, así que cuando empecé a escribir la historia empecé a hacerlo desde la perspectiva de la nieta. Además, se sintió como algo natural tenerlas a les tres porque tu relación con tu abuela es muy distinta a la que tienes con tu madre, generalmente, y hay ciertos ciclos de comportamiento que puedes ver en esa triada.

En otro nivel sentí que había mucha unidad en el hecho de verte reflejada de cierta forma en tu madre, o ver tu destino reflejado en ella y, por extensión, en la madre de tu madre. Creo que el trío habla de esa cualidad cíclica de las cosas. 

La película, sobre todo al final, presume de una combinación poderosa de terror y ternura. ¿Qué conversaciones te dirigieron a ese tono?

La emoción era igual de importante que el horror. Porque la película se trataba del amor, la importancia de eso de cara a nuestra decadencia inevitable. Siempre he amado las películas que capturan la emoción tan bien como el horror. Ves esos en Los otros, en El orfanato y en mucho del horror asiático, hay una empatía que los cineastas crean hacia lo que se considera como la amenaza de la historia. Eso fue una tradición que conscientemente estaba tratando de honrar. 

La casa, como en cualquier historia de casa embrujada, juega un papel clave y en esta ocasión también se transforma, se siente como si estuviéramos adentro de la mente de Edna ¿Cuál era tu visión para los espacios? ¿era una casa real?

Sí fue. En realidad fueron dos locaciones reales y un set, por lo que tuvimos que unir tres espacios diferentes. Fue divertido y eso tuvo sus retos. Creo que la primera imagen de la película que me vino a la cabeza cuando empecé a escribirla fue la de la casa de mi abuela, y cómo los cuartos de arriba siempre estaban llenos de cosas amontonadas. Tenía este hábito de acumulación, hoarding, y yo veía eso como un intento por aferrarse a ellas, mientras sus memorias se estaban yendo. Eran recuerdos, cosas del pasado. Para mí equivalían a sus memorias y me daban esta sensación escalofriante de un espacio que, de alguna forma, crece hacia adentro. Uno que se convierte en un laberinto sin salida. En el que podrías quedarte atascada. 

De ahí, mi diseñador de producción [Steven Jones-Evans, Hotel Mumbai] y yo en nuestra investigación visual buscamos, además de acumulaciones y amontonamientos, mucha arquitectura de lo extraño o insólito. Quisimos que estas estructuras se sintieran como una extensión de la misma casa y no como un universo alterno ni nada de eso, pero que sí dieran esta idea de lo conocido transformándose en lo desconocido. Pasillos engañosos que aparentaran encogerse, elementos dobles, puertas que se encararan una a otra.

¿Cambiaron tus nociones e ideas sobre el proceso de envejecer después de hacer esta película y a partir de las experiencias personales con tu abuela?

¿Sabes? Veo hacer cine como una forma de procesar el mundo y justo hacerme esas grandes preguntas. Especialmente cuando estás escribiendo, estás constantemente revaluando tus nociones y es interesante cómo van cambiando tus perspectivas desde el primer borrador hasta terminada la película. Por ejemplo, mi coescritor y yo teníamos ciertas nociones de los asilos cuando empezamos y luego, en el transcurso de cuatro años, nuestros abuelos entraron a asilos también y cambiaron nuestras perspectivas. La forma en que ves los pragmatismos de envejecer también cambian mientras envejeces. E incluso este proceso de reexaminación continúa al escuchar las reacciones de la audiencia y esas experiencias que te comparten. Es hermoso. Es lo que amo de hacer películas. Siempre es tan relevante hacia lo que significa ser humano y siempre está cambiando. 

Hablando de reexaminaciones, esta es tu ópera prima, pero ya contabas con experiencia en cortometrajes y la filmación de videos. ¿Cambió tu noción de lo que es ser una directora de cine de esa primera vez que pisaste un set a ahora, que has estrenado tu ópera prima?

Sí, ¿sabes que fue lo padre? Quería ser una cineasta desde que tenía 13 años. Y pasas tanta parte de tu vida adulta tratando de lograr eso, que siempre hay este pequeño miedo de que quizá, cuando llegues al set. ésta experiencia no sea que como tú lo imaginaste. Que eso por lo que has trabajado toda tu vida en realidad no termine siendo lo que quieres hacer. Pero afortunadamente no me pasó nada de eso. Me la pasé increíble en el set. Todos los días me trajeron la convicción de que eso es lo que quiero hacer por el resto de mi vida. Y eso fue muy gratificante. Porque haces muchas cosas mientras eres una aspirante a cineasta, haces comerciales, videos, pasas por buenas y malas experiencias. Así que lograr lo que siempre has querido y que además sí lo disfrutes creo que es una epifanía increíble.

¿Estás trabajando en algo ahorita?

Estoy trabajando en varios proyectos en evolución, el año pasado ha sido de puro escribir. La mayoría de las cosas en las que estoy trabajando las puedes catalogar horror psicológico, aunque ya no son películas de casas embrujadas.

 

https://www.cinepremiere.com.mx/relic-la-maldicion-de-convertirnos-en-extranas.html


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