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Blanco de verano y el amor que impide madurar

Escrito por: Tomado de Internet

Un amor desbordado, codependiente, entre una madre y su hijo al que nada ni nadie ajeno está invitado.

Hay un momento preciso en nuestra vida en la que uno se encuentra atrapado entre el fin de la infancia y el abismo que representa al resto de nuestros días. En ese fino borde, momento clave de la evolución natural del ser humano, el camino casi siempre viene acompañado de episodios tormentosos. Alcanzar la madurez no es sencillo. Y la película Blanco de Verano es prueba de ello. 

La producción número 26 del programa de óperas primas del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC) se va a las entrañas de la idiosincrasia de las familias modernas modernas: fracturadas por rupturas sentimentales, pero soldadas por un amor inquebrantable; casi siempre constituidas por una madre que debe asumir un rol doble a la cabeza de la misma, y con hijos que son obligados a madurar de forma precoz. 

El filme que marca el debut de Rodrigo Ruiz Patterson toma estos elementos y los coloca al interior de una pequeña casa de interés social a las afueras de la Ciudad de México. En ese entorno claustrofóbico, alejado de todo, la trama de Blanco de verano es enmarcada por paredes de tablaroca –tan delgadas que hacen casi imposible la privacidad de quienes la habitan– mostrando a la perfección la fuerte conexión que une a quienes la ocupan.

Aquí, la nominada al Ariel Sophie Alexander-Katz –protagonista de Los días más oscuros de nosotras, de Astrid Rondero–, da vida a Valeria, una madre soltera que, tras un divorcio, afianza una relación de gran apego con su hijo Rodrigo –encarnado por el debutante Adrian Rosi–. El mundo donde ambos sólo se tienen a sí mismos, de pronto, es invadido por un extraño. Como la nueva pareja de Valeria, Fernando –interpretado por Fabián Corres– irrumpe en la vida de esta pequeña familia y trata de ser parte de un hogar que difícilmente está abierto a recibir un nuevo integrante. 

Iniciado como un proyecto autobiográfico, la película Blanco de verano poco a poco fue mutando a la historia que, después de un exitoso paso por el Festival de Sundance, llegó a México gracias a la selección oficial del Festival Internacional de Cine de Morelia y, posteriormente, a la sección Ahora México de FICUNAM 11. “Siempre creí que una historia enteramente personal convenía a una primera película”, nos dice Ruiz Patterson en entrevista. “Hoy no lo creo. Ahora considero que lo que estoy intentando es, más bien, hablar de mí a través de otros personajes”. 

El guion coescrito por Rodrigo con Raúl Sebastián Quintanilla (Otras personas, 2017), nació inspirado en la infancia de su director. Hijo de una madre soltera, Patterson comenzó con distintos ejercicios de escritura libre para ir moldeando a sus personajes. «Escribí un primer tratamiento y me di cuenta que no funcionaba. Estaba muy desbordado, había muchísimos elementos jugando y faltaba esculpirse. Y justo recurrí a Raúl, que es mi amigo de la prepa y compañero en el CCC, y nos dimos cuenta que mi vida no era tan interesante (ríe). Así que decidimos ficcionar en pos de tener un drama más consecuente y más sólido. Al final, Blanco de verano conserva cierta esencia de mi biografía –como que fui criado por una madre soltera–, pero ninguna de las escenas que se ven en la película realmente me sucedió. Pero creo que la honestidad con la que empezó se conserva y espero que se sienta”. 

Para el egresado del CCC, lo que más le interesaba era “explorar el final de la infancia, algo que, etimológicamente, significa ‘el que no puede hablar o el que no tiene voz’”, explica Patterson durante su paso por el FICM 2020. “Con estas emociones complejas que sentimos por primera vez en la vida, al principio de la adolescencia, si no podemos hablar, si no tenemos experiencia, ¿de qué forma las comunicamos?”. 

El rostro de la inocencia

Aun teniendo a actores experimentados como Alexander-Katz o Corres, la película Blanco de verano recae enteramente en su protagonista, un actor novato. El proceso de casting para elegir al rostro principal de la cinta fue complejo; tanto que, hubo algún momento en el que Ruiz Patterson le expresó a su productor Alejandro Cortés Rubiales que, de no tener al actor necesario para darle vida a Rodrigo, lo mejor sería no rodar su ópera prima.

Sin embargo, Adrián apareció y, en palabras de su director, “se entregó con todo y dejó salir su sensibilidad”; una que, recientemente fue premiada con el galardón a Mejor actor en el Festival de cine de Lima. “La cinta está filmada con planos muy cerrados porque son los rostros de los personajes los que la cuentan. Aquí hay la exploración de la primera persona cinematográfica. Y tratamos de ver la película y la historia a través de los ojos de este chico”.

Es con esta fragilidad que la película Blanco de verano nos presenta a un personaje que, de forma inesperada, se ve relegado de su mundo de fantasía. Y su microcosmos se va reconstruyendo en un deshuesadero donde, a bordo de un automóvil abandonado, Rodrigo comienza a reconstruir la vida que se le está yendo de las manos. “En ese lugar, él puede ver el cielo; es un espacio abierto donde hay una contraposición [a la realidad] y contrasta la libertad de la claustrofobia que vive en su casa”, nos explica el director. 

Pero como bien señaló Sophie Alexander-Katz en la conferencia de prensa de esta cinta en el FICM 2020, “un tango siempre necesita de dos”. El tema de Blanco de verano –uno muy universal a ojos de su protagonista–, se resume a “una codependencia entre una madre y su hijo, donde las fronteras de lo que es la paternidad se rebasan y comienzan a tocar otras esferas de las relaciones humanas que no deberían de tocarse. [En este contexto] suples faltantes emociones y psicológicos con una criatura que trajiste al mundo. Es un tema tremendamente delicado pero igual de amoroso. Fue una delicia haber trabajado en Valeria porque es un personaje al que se le ve la fractura”.

Para la actriz nominada al Ariel, “lo más delicioso de esta película es que te deja preguntas profundas y muy importantes para la actualidad”, como, por ejemplo, hasta dónde un adulto es responsable de las acciones de sus hijos y a partir de cuando estos pequeños ya son lo suficientemente maduros para asumir las consecuencias de sus actos.

Un blanco envuelto en llamas

Ruiz Patterson coincide con este elemento de universalidad en su historia. “Al final, trabajamos con emociones tan comunes como el amor, los celos o la dependencia emocional. Pero sí creo que estos personajes son muy mexicanos. Se rigen por una idiosincrasia muy nuestra. Las familias modernas integradas por elementos que no comparten sangre son algo muy actual, que se toca poco en el cine mexicano, pero que es una realidad en la sociedad en la que vivimos”. 

Ante este “realismo tan recalcitrante que Blanco de verano tiene para bien o para mal”, como lo explica su director, aparece un elemento que termina por convertirse en un personaje más de la cinta: el fuego. “El trabajo de los cineastas es encontrar maneras audiovisuales de narrar las cosas. Y el fuego es una gran metáfora que refleja lo que hay en el interior de este chico, de cómo es su manera de sentirse. Y creo que es algo bastante único”. 

Entre estas llamas que arden a la par del corazón de sus personajes, hay un elemento su realizador califica como una gran contradicción de su película. A lo largo del filme, dos de sus protagonistas fuman de forma constante. “Es algo que ‘comparten’ madre e hijo», afirma Rodrigo. «Es algo que no le gusta que el otro haga pero lo hacen. Es una contradicción que es muy importante para la trama. Buscamos tener este tipo de contrariedades en los que los personajes se vuelven muy humanos y crean un vínculo de aceptación”. 

El trabajo en la fotografía de María Sarasvati Herrera y el diseño de arte, a cargo de Federico Cantú, terminaron por dar las últimas pinceladas para enmarcar una obra como Blanco de verano –título que, justamente, proviene de una tonalidad de blanco en el Pantone–. “La película inicia con una paleta de colores muy llamativas al interior de la casa”, explica Ruiz Patterson. “Y el blanco de verano es un color que viene cuando este hombre llega a vivir a la casa. Es una de esas metáforas que funcionan mejor con imágenes que con palabras. Él llega y comienza a quitarle el color a la casa. Y la pinta, literalmente, de blanco de verano”. 

Un blanco en peligro de extinción 

La vida de Blanco de verano inició con una buena recepción en el Festival de Sundance a inicios de 2020. El filme ha recorrido certámenes fílmicos en ciudades como Shanghai, San Diego, Málaga –donde recibió premios a la Mejor película iberoamericana, guion e intérprete de reparto (para Fabián Corres)– o en Lima, donde también recibió un galardón a Mejor guion. El filme llegó a nuestro país gracias a la selección oficial del FICM 2020 y posteriormente, en la sección Ahora México de FICUNAM 11. Su lanzamiento comercial ocurrirá próximamente gracias a Pimienta Films, responsables de cintas como Somos lo que hay, de Jorge Michel Grau; Heli, de Amat Escalante; Semana Santa, de Alejandra Márquez Abella; Tempestad, de Tatiana Huezo; Pájaros de verano, de Ciro Guerra y Cristina Gallegos y Roma, de Alfonso Cuarón.

Su éxito, sin embargo, es acompañado por un contexto donde el apoyo al cine mexicano –uno que impulsa las nuevas voces– enfrenta un panorama oscuro. La realización de Blanco de verano fue posible gracias a FOPROCINE, Fondo para la Producción Cinematográfica de Calidad, que fue extinto a inicios de este año por el Gobierno de México. Su extinción, así como la de FIDECINE, es calificada por Rodrigo Ruiz Patterson como algo “muy grave. Esta película hubiera sido imposible filmarla sin el apoyo de FOPROCINE. Es bastante grave que este fideicomiso desaparezca porque, desde mi punto de vista –dejando a un lado toda la gente que vive de la industria que hace posible estos fondos– las películas que se producen con ambos fideicomisos son las que tienen más alta calidad en el país. Me parece bastante grave esta desaparición”.

https://www.cinepremiere.com.mx/blanco-de-verano-pelicula-mexicana-ficm.html


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