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Recomendar nota Cananea es la tierra de Dios: Jorge Taddei
Escrito por:Carlos Sánchez
Al hablar construye el recuerdo, un cúmulo de emociones. Cuenta una historia, una anécdota, dos, tres. Escucha versos como respuesta ante un vendedor ambulante de frutas de temporada. De pronto nos hace ver la pelota que traspasa las vías del tren y es entonces un jonrón, allá en el taste.
En su hábitat que también es su cubículo, hay una foto de Paco Ignacio Taibo II, un sombrero que parece impaciente, un pizarrón blanco con unos versos filosóficos. Hay dentro de su oficina un libro de pasta blanca cuyo título es: Perfil histórico de Cananea.
Jorge Luis Taddei Bringas es Ingeniero Industrial, es Maestro, es Doctor, es Cananense.
El barrio
Cuando escuchas la palabra Cananea, ¿qué te evoca, en qué piensas?, le inquiero ante el desparpajo de su mirada, con esa actitud de ver más allá de su radio territorial. Y entonces ocurre de nuevo la edad donde no hay imposibles:
La infancia feliz en un pueblo hermoso, la gente preciosa, las no diferencias de clase en general. Yo vivía en un barrio popular: Falda de la Mesa Sur, enseguida de la cooperativa y hacia arriba, por la Guerrero. Allí había hijos de mineros, fundamentalmente, y gente que no tenían acomodo en la mina, que eran más humildes, pero había una convivencia muy bonita en la chavalada, en el concepto de barrio, el estar en la calle todo el día, dábamos el mate que era el hurtar albericoques, duraznos, manzanas, y los señores nos apedreaban porque era una falta de respeto eso, pero una serie de juegos en el día, el beisbol, sin faltar, en cualquier calle, en cualquier cuesta, e íbamos a Las tres Marías, un taste que hizo la empresa, a jugar beis, allí pusieron una malla para que no se fueran las pelotas hacia abajo, y el que pegaba jonrón se volaba la vía por donde pasaba el tren.
El barrio: una chulada, todas las casas eran como propias, en el sentido de que entrabas a todas las casas. Nosotros teníamos un changarro, entonces teníamos que tener la casa cerrada, con candado, porque muchas veces la gente pensaba que allí había dinero y podían entrar a robar, pero en las demás casas nadie usaba llave, éramos los únicos que usábamos llave, la tienda se llamaba Abarrotes La Preferida, allí en Guerrero y Cuarta Oeste, era de mis papás.
Mis papás llegaron a Cananea en mil novecientos cincuentaitrés, a esa tienda, yo nací el cincuentaisiete, y esto muestra lo progresista que es Cananea en términos también del desarrollo social que tuvo. Cuando yo nací traje la modernidad a mi casa, tuvimos por primera vez un baño con agua potable y drenaje, entonces mis papás y mis hermanos dejaron de ir a las letrinas que había allí y que eran para la comunidad, somos mis papás, mis dos hermanos, Alfredo, Armando, y después fui yo, y luego mi hermano Hildegardo quien ya falleció, el Junior, que en paz descanse, y luego mi hermana Cristina y la más chiquita, Ana Luisa.
Entonces la infancia feliz, en Cananea, había pleitos entre los muchachos, los vecinos, pero era una hermandad y al rato estábamos juntos. La música siempre estaba presente, en aquél tiempo recuerdo, en el sesentaicuatro, cuando llegaron los Beatles a New York, había una sola televisión en el barrio, y un señor generosamente nos gritó, nos dijo que había un espectáculo, y fuimos, y vimos que estaban llegando unos mechudos a New York, era una locura, era en la tarde noche, recuerdo.
Jugábamos siempre en un disfrute tremendo de las vacaciones, en una infancia de mucho contacto con la gente hermosa de Cananea.
Los personajes
Había siempre los personajes, como dice Silvio Rodríguez en El papalote (la canción): allí estaba el Chonina, por ejemplo, que era un señor que se creía policía y siempre andaba rondando por ahí; el Quintana, que era un tipo que vendía frutas, y que siempre decía versos, uno le preguntaba por algo y siempre respondía en verso, había veces que le preguntábamos cien cosas en una tarde mientras él descansaba; el Capullo también que era un señor que andaba por ahí; el Piano, quien tenía una deficiencia mental, siempre traía un sombrero con flor y andaba caminando tranquilamente, y había algunos a los que le llamaban locos, como el Fantasía, quien era un señor que traía como ocho perros atrás de él y jalando y sonando botes; doña Rafaela que agarraba ropa; estoy hablando de personajes de ese tipo, y bueno, personajes de otro tipo que decirte, por ejemplo cuando inauguraron el kinder donde yo estaba, allí saludé a Luis Encinas Johnson, quien me preguntó, teniendo yo cuatro años, que si como me llamaba, le dije: Jorge Luis, me dijo: Eres mi tocayo; le tomé la mano chueca.
--En este instante una pregunta inevitable me asalta, y digo: ¿De allí la influencia para que sigas siendo priista? Jorge responde con una pregunta: ¿Priista? Luego una carcajada de incredulidad. Y continúa:
Bueno, eso ya serían anécdotas de personajes, esa gente, y te puedo decir del Tambor, un señor gordo que vivía por la escuela Ignacio Altamirano, casi te estoy hablando, qué curioso, haciendo un símil con lo que menciona Silvio Rodríguez en su canción, del personaje Narciso el Mocho, en el Papalote, esos personajes que ahí andan siempre y llaman la atención, y que muchos creen que el día más importante de su vida es el de su muerte, pero no es así, ellos son y dan felicidad a la gente, sobre todo en la acción con los niños y los niños dándoles carrilla.
En Cananea conocías al taxista, al que entregaba la leche, al que pasaba por ahí y vendía la nieve, era una comunidad muy rutinaria, si tú quieres, pero en una rutina muy linda, y estoy hablando de cuando tenía ocho o diez años.
El ombligo del mundo
--Cuando escucho Cananea me resuena el pecho y pienso que también puede resonar a nivel nacional y mundial.
Tenemos una fama bien ganada en Cananea, por esas condiciones socioeconómicas, y sobre todo la lucha sindical que se dio por mucho tiempo, el buen nivel de vida que se alcanzó, los de Cananea tenemos pocos prejuicios en cuanto a las relaciones con la gente, somos un poco creídos, entre otras cosas porque creemos que allí fue la cuna de la Revolución, que allí se dio un gran movimiento, inclusive la canción de Cananea, te puedo platicar una anécdota, en el dos mil dos, el mes de marzo, yo canté en Hermosillo, con los muchachos del Frente Zapatista, tuvimos una reunión con ellos, ellos encapuchados, y cantamos y no había mucha coincidencia musical, y ellos cantaron la cárcel de Cananea, eso fue el tres de marzo, el día veintiocho de marzo estoy yo en Boston, con un grupo de investigadores, hacemos una fiesta, cantamos y entonces un colombiano canta la Cárcel de Cananea conmigo, también me pasó con unas gentes del Frente Farabundo Martí, estuvieron en Cananea y se sabían la canción, esta es una canción con mucho arraigo por allá, entonces tienes razón, yo sí creo que Cananea es el ombligo del mundo, yo a todo mundo les digo que Cananea es la tierra de Dios.
Para concluir esta conversación, en una mañana de viernes, en un lugar de la Universidad de Sonora, Jorge Luis Taddi Bringas lee en voz alta un fragmento del poema Discurso a Cananea, que escribiera el poeta Carlos Pellicer: aquí la voz se exalta, y entiendo entonces y por fin el significado de la palabra patria.



