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Mario Iván Martínez, al rescate de la sed del conocimiento y el gusto por los libros
Escrito por: Tomado de Internet
En tiempos de inteligencia artificial, pantallas e información inagotable, Mario Iván Martínez volvió 500 años atrás en su nuevo libro para preguntarse qué podría decirle Leonardo da Vinci a un niño del siglo XXI.
La respuesta no aparece en La Gioconda ni en los bocetos de máquinas voladoras. Está mucho antes: en la infancia de un niño que aprendió a mirar el mundo con asombro.
“Lo que pretendo aquí es rescatar la sed de conocimiento”, explicó Martínez en entrevista con La Jornada. “Nuestros niños y jóvenes ven mucho y digieren poco ante el bombardeo de lo desechable”.
Ese Leonardo que todavía no es pintor, inventor, anatomista, músico ni arquitecto protagoniza De niños, inventos y pinceles: La infancia de Leonardo da Vinci.
Ilustrado por Juan Gedovius y publicado por Alfaguara, sello de Penguin Random House, el quinto volumen de la serie dedicada a las infancias de personajes célebres reconstruye los primeros años del artista mediante lo que Martínez llama “ficciones plausibles”: episodios sustentados en la investigación histórica que imaginan momentos decisivos de su formación.
El escritor parte de un hecho biográfico decisivo en la vida del polímata italiano. Al ser un hijo natural reconocido por su padre, no estuvo obligado a continuar la tradición familiar y ejercer como notario. Aquella circunstancia, añadió, le permitió dedicarse a una amplia diversidad de intereses.
Antes de llegar al taller de Andrea del Verrocchio, Leonardo aprende a mirar el mundo en los campos de Vinci. Su tío Francesco, conocido como Checco, lo lleva a observar las nubes, estudiar el movimiento del agua y preguntarse cómo vuelan las aves.
“Con Francesco se iba al campo a observar las nubes, entender el movimiento de las aguas y comprender la forma en que el ave realiza el vuelo. Subrayo el gozo que proporciona el diario descubrimiento, que te recuerda que estás vivo y no te abandona al pasmo”, contó Martínez.
Ese entusiasmo reaparece cuando el niño intenta explicar cómo los restos de una ballena llegaron al interior de una cueva. “Se trata de deducir, pensar, imaginar y echar a volar los motores de la imaginación y del descubrimiento”.
Los pasajes del libro surgieron de una amplia investigación sobre Leonardo da Vinci, que incluyó la biografía de Walter Isaacson y los textos de Giorgio Vasari, aunque Martínez insiste en que su propósito nunca fue escribir un tratado.
“Para meros datos está Wikipedia. Mi labor es crear un cuento; extraer aquellos acontecimientos novelescos que me permitan contar una historia.”
Con esa premisa recrea conversaciones familiares y escenas cotidianas que acercan al personaje histórico sin romper con los hechos documentados. Ahí figura un joven Sandro Botticelli, apodado el simpático Barrilito, recurso con el que aligera la solemnidad que rodea a las figuras del Renacimiento.
Otra de esas escenas muestra al adolescente que, mientras sus compañeros esperan la comida, se distrae dibujando huesos y cartílagos antes de colocar las piezas de carne en el hervor. Desde esos años asoma una curiosidad capaz de desviar su atención hacia un nuevo descubrimiento.
A juicio de Martínez, la ciencia y el arte forman parte de una misma búsqueda. “Leonardo deslava constantemente las fronteras entre la ciencia y el arte. Para él permanecían en comunión, sin posibilidad de divorciarse”.
En otro de los pasajes imaginados, el joven artista compra las aves encerradas en jaulas en el mercado y convoca a familiares y amigos para liberarlas en la plaza principal.
“Esta metáfora del pájaro funciona como un énfasis en la necesidad que tenía de ser libre: libertad en la búsqueda del conocimiento, de la personalidad y del hallazgo.”
Hacia el final del libro, esa idea cobra forma en las aves que el joven Leonardo compra para abrir después sus jaulas.
“Es a través del juego y del descubrimiento como uno establece la deliciosa afición por los libros. Queremos que no sean vistos como un flagelo escolar, sino como una fuente de placer para toda la vida”, afirmó Mario Iván Martínez (Ciudad de México, 1962).
Las ilustraciones de Juan Gedovius acompañan el relato con imágenes que, en palabras del escritor, son “imágenes fijas en movimiento”. Después de más de dos décadas de colaboración, asegura que el ilustrador toma sus propuestas, “las relabora, repiensa y me sorprende”.
Por primera vez, la colección incorpora un audiolibro con elenco. Mario Iván Martínez participa únicamente como narrador; Emiliano Iniesta y Jesús Abimael interpretan a Leonardo durante la niñez y la adolescencia.
Completan el reparto Luisa Huertas, Pilar Villanueva, Carlos Pascual, Manuel Acosta, Carlos Balderrama, Arturo Ríos, Diego Jáuregui, Rodolfo Ornelas y Luly Rede.
https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/08/10/cultura/mario-ivan-martinez-al-rescate-de-la-sed-del-conocimiento-y-el-gusto-por-los-libros





