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'Martina y los hombres pájaro' muestra la ausencia, la incertidumbre y la espera desde la mirada de una niña

Escrito por: Tomado de Internet

Antes de diseñar la escenografía o definir el vestuario, el equipo creativo de Martina y los hombres pájaro emprendió una investigación sobre Tierra Caliente. De ese acercamiento tomó forma el universo escénico de la historia escrita por Mónica Hoth.

“No bastaba con situar la historia en Guerrero”, explicó en entrevista el director escénico Rodolfo Soto. Con esa convicción, el equipo se acercó a las costumbres de la región y colaboró con creadores originarios de esas comunidades. Ese intercambio orientó las decisiones relacionadas con la escenografía, el vestuario, la música y el trabajo actoral.

La primera imagen surgió durante la lectura de la dramaturgia. “Vi muy claramente a esta niña esperando a su papá en su pueblo. También vi los pueblos guerrerenses y a la gente que vive esta realidad”, recordó. A partir de esa visión comenzó a delinearse el universo escénico de una historia que coloca la ausencia, la incertidumbre y la espera desde la mirada de una niña.

Martina enfrenta la ausencia de su padre mientras el pueblo aguarda noticias de quienes emigraron. En ese trayecto aparecen personajes fantásticos que acompañan su búsqueda y le permiten dar sentido a emociones que todavía no consigue nombrar.

La mirada de la protagonista guía el relato. En palabras de Soto, “más que una fantasía, es cómo ella va viendo el mundo. Sí vive la migración de su papá, ve a su mamá esperando y escucha hablar de esa situación, pero la mira con los ojos de una niña, con aventura y con color”.

El contraste entre ambos planos se construyó con la iluminación y la escenografía de Edgar Mora, el vestuario de Clarisse Monde, las máscaras realizadas por Julieta Anzures, la musicalización de Yurev Vivero y un diseño corporal que acompaña el recorrido de la protagonista.

El elenco, integrado por Bruceth Boyzo, Alondra Mina, José Uriel García Solís y Erick Herrera Borja, alterna personajes humanos y fantásticos mediante el uso de la máscara. Con la asesoría de Karina Eguía, el reparto desarrolló recursos corporales para dar vida tanto a las figuras cotidianas como a las criaturas que acompañan a Martina.

En esa concepción escénica, el trabajo con este recurso va más allá del objeto colocado sobre el rostro.

“La máscara no solamente es la que llevamos en el rostro; también es el vestuario, la voz y la manera de habitar a cada personaje”.

Ese trabajo también abarcó la forma de vestir, la música, las expresiones cotidianas y las tradiciones locales, mientras varios integrantes del montaje compartieron saberes nacidos de su propia experiencia comunitaria. De esa suma de miradas surgieron las texturas, los colores y la atmósfera de la producción.

Aunque está dirigida a las infancias, la obra no simplifica temas como la migración, el duelo o la incertidumbre. Soto sostuvo que lo indispensable fue tratar con respeto al público joven. “Los niños tienen la capacidad de entender las situaciones que existen en la realidad”. La historia también interpela a los adultos porque muchos reconocen en ella experiencias cercanas.

De esa reflexión surgió otra de las decisiones centrales del montaje: concentrarse en quienes permanecen en el pueblo. “Nos pusimos a pensar mucho en Martina y en su mamá, en las emociones que nacen de la acumulación de la ausencia y de no tener noticias, ni buenas ni malas. Eso fue dando el ritmo y el tono del montaje”.

Martina y los hombres pájaro ofrecerá sus últimas funciones el 1 y 2 de agosto, a las 13 horas, en el Teatro Sergio Magaña (Sor Juana Inés de la Cruz 114, colonia Santa María la Ribera, alcaldía Cuauhtémoc).

https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/07/31/cultura/martina-y-los-hombres-pajaro-muestra-la-ausencia-la-incertidumbre-y-la-espera-desde-la-mirada-de-una-nina

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