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Un acta de nacimiento, orgullo infantil en Cananea que terminó en carcajadas
Escrito por: Martha Chávez
Cananea, Sonora, a 07 de enero de 2026.- Un recuerdo de la niñez de un cananense, que comenzó como un intento de presumir un acta de nacimiento y terminó en carcajadas colectivas, forma parte de una entrañable historia compartida por el locutor Isauro Jerez Rochin.
El comunicador dio a conocer el relato titulado “Eligio Espinoza Ojeda, los años felices”, firmado bajo el seudónimo de “El Chato Mois”, una crónica que recurre al humor ingenuo y a la nostalgia para retratar la vida cotidiana de la infancia en los barrios tradicionales de Cananea.
La historia inicia cuando el protagonista, siendo apenas un niño, encuentra su acta de nacimiento y la asume como un objeto de gran valor, casi un símbolo de distinción frente a sus amigos, quienes no contaban con un documento similar.
Movido por el orgullo infantil, el pequeño decide mostrarla mientras el grupo jugaba canicas en la calle.
Sin embargo, el momento de presunción se transforma rápidamente en un episodio de risas, ya que ninguno de los niños logra entender el contenido del documento. La dificultad para leer el lenguaje administrativo provoca confusiones, preguntas ingenuas y conclusiones disparatadas, lo que convierte la escena en una anécdota hilarante.
El relato destaca cómo, desde la mirada infantil, el mundo adulto se interpretaba con imaginación y espontaneidad.
Lejos de generar vergüenza, las burlas y carcajadas quedaron grabadas en la memoria del protagonista como un recuerdo gracioso, marcado por la convivencia y la complicidad entre amigos.
La crónica también resalta una época de juegos sencillos, calles compartidas y barrios unidos, donde la burla carecía de malicia y formaba parte natural de la amistad.
Al final, el niño decide guardar nuevamente el acta en su escondite, no sin antes lanzar un último gesto de orgullo herido que resume la mezcla de carácter e inocencia de aquella generación.
Con esta historia, Isauro Jerez Rochin ofrece una ventana a la memoria colectiva de Cananea, recordando que la felicidad muchas veces se construye a partir de momentos simples y risas compartidas.
La anécdota se suma así a las pequeñas historias cotidianas que, con el paso del tiempo, se convierten en parte del patrimonio emocional del municipio.





