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El reino de los sátrapas 

Escrito por: Gilberto Armenta.

El sendero del peje

Andrés Manuel López Obrador recorrió Huatabampo, Álamos, Etchojoa, y las comunidades de Esperanza y Huirivis. Las cinco a su máxima capacidad sumando miles de asistentes en total.

 

El discurso de Andrés Manuel fue el mismo, aunque con ligeras variantes en cada punto.

 

Quitar las pensiones a los ex presidentes. Becarios si sicarios no. Contratar a los “ninis”. Doble pensión a los adultos mayores y desaparecer aviones y helicópteros del gobierno. El robo de 500 mil millones de pesos anuales por políticos corruptos. La historia independentista y revolucionaria de México no faltó. Los peyorativos abiertos y maquillados contra funcionarios panistas y priistas tampoco.

 

Y a cada momento, los vítores, los aplausos y los “te queremos Andrés Manuel”.

 

¿Lo nuevo? Descentralizar al gobierno federal, donde Cajeme ganaría con la instalación de la Sagarpa en sus tierras.

 

Andrés Manuel López Obrador triunfó en esta gira. De este a oeste ganaremos esta lucha cueste lo que cueste le corearon los mineros de la sección 305 en la comunidad de Esperanza.

 

Si, pero ¿y Sonora?

 

Aquí existen temas torales de los que no habló. En Huatabampo y Etchojoa la comunidad mayo requiere apoyos inmediatos, y los que fueron a verle no escucharon nada respecto a ellos salvo lo que en lo general se habló sobre subsidios a los productores.

 

La Central Campesina Cardenista, que representa a 11 mil trabajadores del campo y dirigidos por Armando Amarillas Ayala sufrieron la misma suerte. Ni siquiera fueron saludados ni reconocidos por Andrés Manuel.

 

En Álamos, Héctor Zaila Enríquez dijo ser vocero de los guarijíos, y le expuso una retahíla de necesidades relacionadas a las etnias de México que requieren urgente atención. Andrés Manuel escuchó con atención, más no comprometió nada en respuesta, aún y cuando Zaila Enríquez le propuso retomar los acuerdos de Andrés Larráinzar en beneficio de los indígenas de Sonora.

 

En Etchojoa y la comunidad de Esperanza las cosas no fueron distintas. Mismo discurso lleno de semántica y sintaxis, pero sin menciones a los asuntos que realmente interesaban a quienes abarrotaron el CUM y la plaza pública. Ninguna propuesta encaminada a llevarlos a otras dimensiones de crecimiento. Ninguna mención a apoyar la reconstrucción de las carreteras, o de invertir en vivienda digna, o en salud o en educación integral.

 

Siempre las mismas frases que arrancaban eventuales carcajadas por las ocurrencias discursivas de Andrés Manuel.

 

El efusivo grupo de mineros leales a napito, tampoco fueron mencionados ni reconocidos y pese a lo desaforado de sus porras no hubo una sola mención a tomar por los cuernos las serias acusaciones que versan sobre Grupo México.

 

El final fue en la comunidad de Huirivis donde la comunidad yaqui le abrió sus puertas para escucharlo.

 

Ahí fue sorprendido por los gobernadores de 7 pueblos que, con un contundente discurso intentaron comprometerlo a apoyar de manera irrestricta a esta etnia en Sonora.

 

Restitución de tierras y aguas, reconocimiento de su gobierno tradicional en los planes de la federación, transversalidad y vinculación permanente en las acciones de gobierno, garantía de conservación de recursos naturales dentro de territorio yaqui, salud, vivienda, transporte público y alumbrado, fomentar la educación y la cultura, construcción de carreteras, y resolver el tema del gasoducto entre otros temas impactaron a Andrés Manuel López Obrador.

 

Ante tal arremetida, la modificación al discurso era obligada, no se podía rehuir la responsabilidad, pero los planteamientos superaron la capacidad de reacción del líder morenista.

 

Tropezado, errático, intentando dar respuesta, pero buscando no distraerse de su retórica original, Andrés Manuel salió del paso prometiendo regresar antes de abril próximo con esas esperadas respuestas que no llegaron en ese momento. Pan casero que le regalaron y la danza del venado ofrecida en su honor fueron el colofón perfecto para salir del paso.

 

Los de Morena, muchos, pero no todos, demostraron su ignorancia sobre las costumbres de los yaquis. La ramada tradicional es sagrada para ellos, y alguien debió haberles dicho que los yoris tiene prohibido ocupar las bancas sin permiso, y menos pararse sobre ellas.

 

Debieron advertirles que la reunión con las autoridades tradicionales se hace en solemne silencio. Los “Viva Morena”, “Te queremos Andrés Manuel”, “Duro, duro, duro”, “fuera los corruptos”, y las sonoras carcajadas y los aplausos no debieron suceder.

 

La ramada tradicional fue convertida en el puesto del papelerito que desesperado, buscaba terminar con el bulto del periódico morenista Regeneración que algún aprovechado le encomendó repartir.

 

Lo que originalmente era una plática de apertura con los yaquis, algunos morenistas lo convirtieron en un mitin político irrespetuoso.

 

Finalmente, Andrés Manuel hizo lo que mejor sabe hacer. Una campaña que no es campaña. Ya lo veremos en noviembre.

 

Gracias por la lectura, puede seguirme en @mensajero34 y

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